domingo, 30 de mayo de 2010

La deuda es con el pueblo

7 de Abril de 2010
La deuda es con el pueblo


Ya empezaron los pagos con reservas. En breve comenzará el “nuevo canje”, un fenomenal negociado para los bancos acreedores. Mientras tanto, más de 2 millones de argentinos, sólo en el Gran Buenos Aires, vive en villas y asentamientos precarios. ¿A quién hay que priorizar?



Las dos noticias vienen juntas, en los diarios del lunes 5 de abril. “El gobierno comienza a pagar deuda a privados con reservas del BCRA” (Clarín). “Viven más de dos millones en las villas bonaerenses” (La Nación). En el primer caso se trata de 204 millones de dólares “cash” que salieron simplemente para pagar intereses (léase que la deuda no se redujo ni en un centavo). Y se trata apenas del primer pago, ya que el Banco Central depositó en las cuentas del Estado Nacional 4.382 millones de dólares para abonar los próximos vencimientos a acreedores privados. Que llegan a 6.569 millones si sumamos lo que se le va a entregar a otros organismos, como el Banco Mundial y el BID.



Al mismo tiempo, se están dando los últimos retoques al Canje de deuda, que permitirá que 29.000 millones de dólares (entre capital e intereses), en manos de los buitres que no habían aceptado el canje 2005 (y que en su momento se dijo que “nunca más” podrían reclamar), hagan ahora un fenomenal negocio, obteniendo ganancias del 100% entre el valor al que compraron los bonos y lo que recibirán ahora. La deuda seguirá aumentando, tirando a la basura todo el verso del “desendeudamiento”.



¿Sobra plata?



El gobierno de Cristina se hunde en sus propias palabras. Dice que paga con reservas porque “hay muchas”, “sobran y no tiene sentido dejarlas ociosas”. Analicemos su propio argumento: según el propio Banco Central, antes de girar los fondos al Estado Nacional, las reservas ascendían a 47.622 millones de dólares. De ellos 23.790 son respaldo del dinero emitido circulante. Es evidente que queda dinero libre. Acá aparece entonces la gran pregunta: ¿qué hacer? La oposición de los Cobos, Carrió, Macri, De Narváez y Reutemann dicen: “no hay que tocarlas, paguemos los vencimientos de deuda con el presupuesto, achicando las otras partidas”.



Nosotros respondemos: es verdad, plata hay. Muchísima más de la que se reconoce. Y hay que “tocarla”. Pero no para pagar la deuda. Volvamos entonces a la otra “noticia” de la semana: dos millones de habitantes del conurbano en villas de emergencia y asentamientos transitorios. Son datos oficiales, del ministerio de Desarrollo Social de la Provincia, a partir de un estudio de la Universidad General Sarmiento. Pero lo peor es la proyección: entre 2001 y 2006, la población del Area Metropolitana Buenos Aires (Capital más conurbano) creció un 6,6% (de 8,6 a 9,2 millones de habitantes), mientras que la población de las villas aumentó un 57,5%.



¿Qué pasa si usamos esa “plata que sobra” para resolver este terrible problema social? Hagamos cuentas: con los 6.500 millones de dólares de reservas que irán para la deuda se podría financiar un plan de obras públicas que construya 260.000 viviendas populares (a un costo de 25.000 dólares cada una), generando automáticamente 700.000 puestos de trabajo.



Los beneficios del no pago



Si además de las reservas miramos el Presupuesto Nacional 2010, vemos que están programados otros 26.530 millones de pesos (6.890 millones de dólares) para pagos de intereses de deuda. Si en vez de ese uso, se lo destinara al mismo programa de obras públicas, ya estaríamos en 520.000 viviendas (y otros 700.000 puestos de trabajo). Suponiendo que en cada vivienda habita un núcleo familiar de cuatro personas (y somos conservadores, porque sabemos que, hacinamiento mediante, muchas familias están mucho peor), simplemente dejando de pagar los intereses presupuestados más la plata de las reservas destinadas a la deuda, se resolvería de un plumazo el drama de las dos millones de personas que viven en villas del conurbano.



No es mágico. Y mostramos lo que se puede hacer simplemente con un año de lo que se va por la sangría de la deuda. Dejar de pagarla definitivamente, permitiría, en años sucesivos, aumentar sustancialmente el presupuesto educativo (mejorando los salarios docentes y la infraestructura escolar), el de salud (también subiendo los sueldos, haciendo nuevos hospitales y equipándolos), y responder a nuestra deuda histórica con los jubilados, sacándolos de la miseria, por sólo dar unos pocos ejemplos. Es el primer paso hacia cualquier programa de emergencia al servicio de la clase trabajadora y el pueblo.

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